Capillas

En su más recoleto rincón, está la Capilla del Santísimo y en ella el Tabernáculo de plata, realizado en 1804, por los pardos Manuel Garay, diseñador, y Cayetano  Álvarez, ejecutor.

El metal de plata se solicitó a las parroquias y la que enviara más, se llevaría el famoso retablo jesuítico, rallado en cedro, factura altoperuano, de los últimos años del siglo XVII.  Le correspondió a la Villa Histórica de Tulumba y lo albergó la humilde iglesia, hoy en ruinas.   Lo vemos, ahora, en el Templo Parroquial de Nuestra Señora del Rosario – Santuario Mariano desde 1988 – cuya piedra fundamental fue colocada y bendecida por el  obispo Esquiú, el 15 de febrero de 1882.

En la Capilla del Santísimo tenemos además, un Sagrario de mármol, dos lámparas votivas y dos cuadros de gran tamaño, que son copias, de “Jesús en el Huerto de los Olivos” y “La Agonía de San Jerónimo”.

Detrás de la Capilla del Santísimo, se encuentra la Capilla Penitencial, sobre la Cripta Sepulcral de los Obispos.  En este recinto, en mármol blanco, los nombre de todos los obispos y arzobispos de Córdoba, fechas de sus fallecimientos y lugar donde esperan la Gloria de la Resurrección.

En un hueco, arriba, una pequeña Virgen traída por Jerónimo Luís de Cabrera, en 1573, conocida como “La Virgen Fundadora”.  Según la tradición, quedó en poder de uno de los vecinos de la nueva Ciudad y se trasmitía por línea de varonía.  Al morir el último, Pedro Salas Griera, su esposa Dalinda W. de Salas Griera, la entregó al Arzobispado,  El Señor Cardenal Primatesta, obsequió a la imagen, una cruz Pectoral, con cadena.

Otra Capilla, también cargada de historia, es la de “Nuestra Señora de Nieva”, la “Soterraña”, como la llamaba, traída de  España en 1794, costeada por los hermanos Ambrosio y Gregorio Funes.

Es muy interesante su origen.  El 9 de febrero de ese año, Andrés Bartolomé Pérez, presentó al prior del Convento de Santa María la Real de Nieva, fray Melchor de  Santo Tomás o.p.  en nombre del obispo de Córdoba, Angel Mariano Moscoso, una talla de “Nuestra Señora de Nieva”, allí venerada, con Niño Jesús, unido a ella, de una vara de alto;  capa pluvial de fondo azul y ornamentación de varios colores, ejecutada por un santero de Madrid; y facsímil de la del citado convento dominicano.  La imagen llegó a Córdoba en diciembre de 1794; fue esperada en el “Calicanto”, y llevada en procesión a la Catedral.

Esta imagen es única, pues la de Segovia –en la que fue “tocada”- se perdió en un incendio, el 8 de junio de 1900.

En vísperas de la Navidad de 1795, Pedro Lucas de Allende pidió se designara a “Nuestra Señora de Nieva”, Patrona y Protectora de Córdoba, en las tempestades.  El Cabildo aceptó el 27 de diciembre, pero debía pedirse la opinión al Obispo, la que resultó favorable.

Se oponía el Gobernador Intendente Sobremonte. El Pbro. Dr. Miguel Calixto del Corro, destacada figura de la Universidad y la Iglesia, uno de los cuatro diputados enviados por Córdoba, en 1816, al Congreso de Tucumán, contó en distintas oportunidades que la negativa del Gobernador fue superada cuando una violenta  tormenta descargó un rayo sobre la cada de familia del mismo, y sólo destruyó un reloj.

El retablo para “Nuestra Señora de Niva” y su decoración, pertenece a Manuel Garay, que dirigió al carpintero Inocencio en la construcción.  Un escultor anónimo modeló los dos angelitos colocados en el ático.  Está integrado por pilares y columnas corintias, que cierran un espacio coronado por una cúpula interna.

Retablo e imagen fueron bendecidos por el obispo Moscoso, el 19 de octubre de 1797, quien había dispuesto que “el segundo domingo de noviembre sea celebrada la fiesta litúrgica de “Nuestra Señora de la Soterraña de Nieva”.

En esta Capilla, en el muro sur, está la tumba de Fray Mamerto Esquiú o.f.m., hombre de dos mundos: benemérito de la Patria, prócer argentino, llamado el “Orador de la Constitución”;  benemérito de la Iglesia, por sus virtudes en grado heroico, es siervo de Dios, y va camino de los altares.

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